Desconocidos



Bailando nos acercamos como dos desconocidos al sonido de las trompetas y el jazz. Oímos el saxofón, nos conmueve el alma y cuerpo. Nos miramos el uno al otro contándonos toda nuestra historia sin parpadear. Me pierdo en tus ojos y bailo en ellos. Me desnudo y canto. Veo uno y mil atardeceres juntos, oliendo laureles y rosas, el café amargo por la mañana y la dulce mermelada de miel recién adquirida. Las largas y extenuantes caminatas en el bosque detrás de nuestro lago, donde los ruiseñores nos acompañan con un tenue cantar. Contando su historia y compartiéndola con nosotros, dos amantes e un roble grande y viejo habitado por los espíritus danzantes de nuestros antepasados. Espesando el momento para el silencio. Suena una armoniosa arpa y guitarra en nuestro andar, nos tomamos y bailamos. Acercamos nuestros cuerpos al punto que nuestros corazones se tocan entre sí. El viento rosa tu mejilla, tus hoyuelos al sonreír, y el destello de tu mirada, me hace comprender y entender que no soy nadie si no logro conquistarlos y lograr todas las historias imaginadas por mí. Me acerco y acaricio tu labio, lentamente pongo mí mano sobre tu mejilla, cerca de tus pecas. Siento como el respirar de tu cuerpo aumenta, no sé si por miedo o repel. No sé si intentar. Puedo lograrlo o nunca más saber de ti. Tomo tu mano pequeña, la coloco en mi espalda y me acerco lentamente. Paso mi lengua lentamente por mis labios. Pero espera, tu mano se coloca en mi boca, deteniendo mi intento por lograr tenerte. Me llevas al jardín detrás de la pileta. Me hablas de la luna y estrellas, el places más grande para ti. Tus sueños y vida. Me abrazas y calientas mi cuerpo. Solo puedo permanecer callado sin poder decir ni una sola palabra más que gracias. Gracias por conocerte, gracias por tener tus ojos y sobre todo gracias por la luna y las estrellas. Acercas tu cuerpo al mío, rozando tu boca junto la mía. Agarras mi espalda con fuerza, mientras yo coloco mi mano es tu cuello. Finalmente tu boca toca con la mía, tu cuerpo se conecta con el mío tu espíritu baila con el mío. Finalmente nuestro respirar se vuelve uno, alejando a los espíritus para encontrarnos mutuamente en la historia sin fin.

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